Adios Glaciares

Juan Carlos Rojas y Ali Colmenares.

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Tomando en cuenta el evidente derretimiento y retroceso de los glaciares en Venezuela y en otras partes del mundo, causado por el calentamiento global, evidenciado por numerosos estudios científicos, como el que fue publicado por la revista National Geographic de septiembre de 2004 (Vol.15 N.3) y el Trabajo Especial de Grado de la Geógrafa Oriana Karina Camacho Pérez de la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales de la Universidad de los Andes; el colectivo de montañismo y ecologismo Tatuy, con el mensaje “En el 2021 no existirán”, ascendió las ultimas cumbres nevadas de los andes venezolanos para hacer un acto de “Despedida a los glaciares”.

Según las observaciones de campo del colectivo tatuy y los resultados aportados por los estudios cientificos, se puede apreciar un acelerado proceso de deshielo en los glaciares de la Sierra Nevada de Mérida, con un retroceso 136.8Ha en los últimos cuarenta años hasta llegar a las 43.09Ha actuales y se estima que bajo las condiciones actuales, de aumento en la emisión de gases invernaderos y las desforestacion de bosques y áreas vegetales, estos glaciares tengan una esperanza de vida promedio de 12 a 13 años con promedio de retroceso vertical de 9 m/año. Porcentualmente hablando los glaciares han retrocedido 76%, ocupando un área actual dentro de la sierra de tan solo 1,08%.

Específicamente para el glaciar norte de Pico Bolívar, el cual se puede observar desde la ciudad de Mérida, se estima una esperanza de vida de 6-7años, mientras que para el glaciar de la Corona, entre los Picos Humboltd y Bompland, se estima una desaparición para dentro de unos 18-20 años. Es decir que haciendo una cuenta regresiva desde el año 2007 para el año 2019 posiblemente Mérida ya no sea la ciudad de las nieves eternas de Venezuela.

Montañistas y ecologistas, dijeron adiós a los glaciares venezolanos

Las realidades futuristas presumidas en la segunda década del presente siglo inherente a la situación global ambiental y energética, causan inquietud y nerviosismo.

El intenso crecimiento poblacional y su errática distribución sobre la superficie terrestre, provocarán la demanda de mayores niveles de necesidades económicas (bienes) de los diversos grupos sociales. En consecuencia se requerirán altos niveles de servicios básicos, tales como: agua, electricidad, transporte, biomasa, combustibles para automoción, calefacción y refrigeración, vivienda, hábitats naturales para la recreación; previéndose una fuerte presión sobre los recursos naturales (mayor a la actual). Causando escasez de biomasa, inseguridad energética y geopolítica, y una profunda degradación ambiental.

No cabe duda que al ritmo actual de “desarrollo”, la sociedad opera como si la naturaleza fuera una parte infinitamente expandible de la economía, con lo cual incrementa sus fronteras consumiendo inexorablemente enormes cantidades de recursos naturales y fósiles, dejando huellas y secuelas sobre los ecosistemas. Nótese que los daños suelen acumularse en la naturaleza para generar situaciones totalmente irreversibles.

La atmósfera siente el efecto de la inyección continua e intensiva de los gases causantes del efecto de invernadero (Gases GEI: Dióxido de Carbono, Metano, Óxidos de Nitrógeno, entre otros), los cuales están amenazando la estabilidad climática del planeta.

La agricultura intensiva está agotando los suelos con prácticas de laboreo insostenibles (arado intensivo, usos de agroquímicos, monocultivos, entre otros) por lo que esta vertiendo progresivamente mayores niveles de sustancias contaminantes GEI. Por otro lado, también tiende a expandirse vertiginosamente, ocupando tierras prístinas y/o reservas naturales; los cuales son refugios de biodiversidad, agua dulce, oxigeno, absorción de dióxido de carbono (CO2) y demás servicios ambientales.

Con relación a los vehículos de transporte particular o colectivo, el ciclo de combustión interna de los mismos consumen un combustible fósil conocido como gasolina, generando una diversidad de emisiones donde se destacan los gases efecto de invernadero (GEI) como el dióxido de carbono (C02). Además de otros gases tóxicos como el monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2) y los temidos óxidos de nitrógeno (NOx). Los cuales reaccionan en el tiempo con el oxigeno para formar la molécula N2O (un gas GEI).
Los vehículos diesel no se quedan atrás, por lo que sus emisiones en CO2 y CO en cierto modo no son tan altas como los valores reportados por el uso de la gasolina en la combustión interna de los vehículos. No obstante, como subproducto de dicha combustión se genera más óxidos de nitrógeno (NOx).

Cabe resaltar, el mecanismo de ocurrencia de las emisiones en estos vehículos cuando respectivamente aceleran, se mantienen en marcha a velocidad constante o cuando desaceleran para detenerse parcial o totalmente. En esta comparación, algunos estudios han demostrado que los vehículos de gasolina emiten mas CO2, CO e hidrocarburos cuando aceleran, mantienen la velocidad constante y desaceleran. Mientras que los vehículos diesel hacen lo mismo con relación a las emisiones de NOx, bajo las mismas consideraciones de progresión del vehículo.

En consecuencia a los efectos ambientales desatados por la inyección de los gases GEI, el calentamiento global tendería a seguir incrementándose, fenómeno que ya está causando el desequilibrio climatológico de regiones enteras.

En la actualidad, en los países tropicales se ha acelerado drásticamente la disminución de las superficies glaciares (ver más adelante su explicación), como también la presencia cada vez más frecuente de lluvias altamente torrenciales con devastadores fenómenos de inundaciones. Por otro lado se manifiestan sequías prolongadas en bastas regiones de Africa y Europa. Mientras que en los países más industrializados se presentan trastornos climatológicos en las 4 estaciones y la ocurrencia de la temida lluvia acida.

Cabe destacar las consecuencias del cambio climático que vienen ocurriendo en los Andes Tropicales, con especial referencia en Los Andes Venezolanos. Para citar solamente una consecuencia tangible de que algo ocurre con el clima, no cabe duda que las grandes superficies de hielo depositada en las cumbres andinas, hoy día, son pequeños vestigios de glaciares que luchan contra el calentamiento global.

De acuerdo a un estudio reciente de la Universidad de Los Andes (Oriana Camacho, 2004) sobre la mencionada problemática, se evidencias cifras verdaderamente dramáticas. En tal sentido, la utilización de técnicas modernas geográficas tales como: un sistema de información geográfica (SIG), comparación de fotografías aéreas de distintas fechas (1950 y 2000), mapas con escalas equivalentes a 1:25000, usos de imágenes fotográficas, entre otros. Se demostró que en los últimos 40 años los glaciares andinos venezolanos retrocedieron 136,89 hectáreas (1,37 km²), es decir, un derretimiento de las masas de hielo comparable a la Laguna de Santo Cristo (el humedal alto andino más grande de Venezuela ubicado en el Parque Nacional Sierra Nevada, Municipio Santos Marquina Edo. Mérida), o incluso a 225 canchas de fútbol profesional (aproximadamente). En términos porcentuales los glaciares han retrocedido el 76 %, ocupando un área dentro de la Sierra Nevada de 1,08 % (43,09 hectáreas).

De acuerdo al ritmo de retroceso de los glaciares y para el mes de enero de 2007, se estima una esperanza de vida promedio de 9 a 10 años (mes de comparación), y un promedio de retroceso vertical de 9 metros por año. En términos específicos para los dos únicos glaciares andinos existentes se estima que el glaciar norte (glaciar suspendido) del Pico Bolívar desaparecerá en 3 a 4 años, mientras que el glaciar permanente de la Corona (Picos Humboldt y Bompland) desaparecerá en 15 a 17 años.

La perdida de masa glaciar implica la formación de nuevos ambientes naturales y la posibilidad de una colonización vegetal.

Evidentemente las grandes masas de hielo que una vez colonizaron estos mágicos escenarios venezolanos, se extinguirán por completo…Tal y como ya sucedió con los glaciares del Pico la Concha (Ño Leon y Coromoto), Timoncito, Pico Espejo, El Encierro (Bourgoin y Karsten), entre otros.

Desde luego la Sierra Nevada de Mérida perderá irreversiblemente uno de sus mayores atributos de la belleza escénica que compone sus montañas y riscos nevados. Mientras que por otro lado se perderá una importante reserva de agua dulce; fuente de agua para diversos servicios ambientales. Por ende y en un futuro no muy lejano la Cordillera de los Andes Venezolanos dejará de albergar glaciares permanentes o nieves perpetuas.
Seguir bajo el mismo modelo de “desarrollo global” (consumiendo vorazmente energías fósiles) sería una locura inexorable, cuyos costos socioeconómicos, ambientales y culturales serán insostenibles y con consecuencias nefastas para las futuras generaciones.

Se prevé que el cambio climático traerá un creciente número de refugiados ambientales, algunos investigadores estiman que hacia el 2050, el calentamiento global podría producir como 50 a 150 millones de refugiados ambientales. Los cuales emigraran hacia los países más ricos causando serios desordenes sociales e inestabilidad política.

Por tanto, para evitar conflictos geopolíticos o armamentistas (como lo ha demostrado la historia), la sociedad en su conjunto debe modificar su aptitud frente los peligros que nos amenazan seriamente y por ende tomar decisiones oportunas y contundentes que converjan en elevar la sostenibilidad del planeta.

Sin embargo, hay muchos escépticos frente a la problemática del cambio climático. Pero hay otros investigadores, ecólogos y ecologistas plenamente convencidos de que algo negativo ocurre con el clima a nivel global (tal y como se evidencia para los andes tropicales venezolanos). De todos modos si los avisos no se aproximaran a la lógica realidad que vivimos, seria justo, estratégico y legal (de acuerdo a la constitución nacional) asumir el principio de precaución.

Desafortunadamente la solución a la problemática del cambio climático no es sencilla, ya que abordar una mínima solución efectiva implica involucrar a todo un planeta. En todo caso tampoco podemos quedarnos sin hacer nada, de modo tal que existen soluciones que buscan revertir el sobrecalentamiento global.

En efecto, se debe modificar el mix energético para alargar la vida útil de las reservas fósiles, por lo cual, las energías renovables son tecnológicamente una solución para sustituir las energías fósiles. Sin embargo, no serán suficientes si no se toman otras medidas adicionales para reducir la demanda excesiva de energía. En este sentido, la eficiencia energética puede ayudar a mejorar los rendimientos en consecuencia de facilitar el ahorro de energía, recursos naturales y obtener mayores beneficios socioeconómicos.

Cabe destacar que las energías renovables también constituyen una fuente primaria de abastecimiento energético, caracterizado por aprovechar el viento, el agua, el sol, la energía geotérmica, la biomasa; sin causar daños ambientales irreversibles y con un factor de emisión de GEI, mínimo o nulo en la mayoría de casos (con respecto a las energías fósiles). Evidentemente allí se encuentra una solución, que depende de la convergencia de muchos factores que la impulsen hacia el nuevo mix energético global.

Hay algunos científicos y personajes que consideran a la energía nuclear (fuente primaria) una solución. En efecto es una solución energética que en los países desarrollados tiene amplio uso (por ejemplo para generar electricidad). Pero sus externalidades, como los impactos ambientales (incluso algunos no conocidos), riesgos a la seguridad pública, los desechos radioactivos altamente peligrosos y contaminantes; constituyen otra seria amenaza para la humanidad. Por lo que su uso o aplicación pudiera desaparecer.

El cambio climático exige mas acciones contundentes para frenar su progreso sobre la tierra. La deforestación debe ser cada vez menos intensiva y en consecuencia debemos revegetar las ciudades, parques, cauces, montañas, entre otros.

La agricultura debe reconvertirse a una actividad más armoniosa con el entorno, produciendo alimentos mediante prácticas limpias, orgánicas y con criterios de seguridad ecológica.

En el sector transporte se exigen mayores cambios. En este sentido ya se palpa en la sociedad venezolana la insostenibilidad del tráfico automotor, por lo que urge la necesidad imperiosa de fijar acciones que controlen o atenúen significativamente el problema. De manera tal que las autoridades civiles y militares con competencia en el asunto, están en la obligación de concertar sendos acuerdos efectivos para: prevenir, corregir y mitigar los efectos de la contaminación socio ambiental por la alta circulación de vehículos de combustión interna.

Para que exista una real y profunda transformación del asunto, debe crearse una voluntad política de alto nivel (Alcaldes, Gobernador, MARNR, etc) para soportar y mantener todas las acciones que sean necesarias para alcanzar las metas y objetivos que se planteen.

Una sola acción no será suficiente para atacar el problema con total seriedad, por lo que debe surgir una sinergia de acciones que se complementen entre si, para alcanzar resultados más próximos a satisfacer las necesidades humanas de calidad de vida del entorno.

En términos generales los gobiernos tienen la mayor cuota de responsabilidad, por lo que deben asumir oportunamente cambios proactivos que promuevan el desarrollo sostenible. Las políticas públicas deben reorientarse hacia la preservación del entorno, que no necesariamente significa proteger el ambiente a expensas de eliminar fábricas y dejar de producir alimentos, bienes y servicios.

Muchos gobiernos han demostrado su sordera e indiferencia ante tales necesidades. Sin embargo, garantizar el suministro de energía, alimentos y agua potable los obligará a reconducir la sostenibilidad del planeta. Para eso, la sociedad reclamará acciones más contundentes que permitan elevar la calidad de vida sin contaminación, hambre y mayor bienestar colectivo.

Una clara propuesta para la sociedad radica en el factor 4, quizás esta simple estrategia puede ser el norte a seguir para conseguir cambios reales, efectivos, oportunos y no fantasiosos; cambios que todos deberíamos aspirar, pero quizás pareciera estar presente solamente en el pensamiento de los ecologistas, conservacionistas o naturalistas. Para ello, el nuevo modelo de desarrollo debe producir cuatro veces más bienestar de un barril de petróleo, un metro cúbico de gas natural, una tonelada métrica de carbón o de una hectárea de tierra. Significativamente el factor 4 permitiría a las empresas, organizaciones productivas, cooperativas, amas de casa, agro productores, grandes corporaciones industriales y petroleras; producir dos veces más beneficios con la mitad de los recursos empleados originalmente. De esta manera, el empleo de recursos naturales se reduciría a niveles más racionales y aceptables para que su restitución natural o antropica sea mayor a su tasa de extracción.

Cuando la sociedad entienda que la tasa de extracción de bienes ambientales nunca deba superarse o extralimitarse, quizás allí, garantizaremos el futuro de las generaciones que sobrevendrían. Mientras tanto, ya están comprometidos esos bienes ambientales sin capacidad de restitución alguna.

Finalmente y como compromiso, “En todas nuestras deliberaciones, debemos considerar el impacto de hasta 7 generaciones próximas”.

Si bien es cierto, todavía podemos hacer algo. No debemos esperar que sea tarde para reaccionar. Desde el hogar se puede comenzar por consumir menos energía eléctrica, no derrochando el agua potable, arrojando los desperdicios en su lugar adecuado, reduciendo, reciclando y reutilizando los desechos sólidos, consumiendo productos orgánicos y exigiéndoles a las autoridades competentes la aplicación de leyes y ordenanzas.