Circos Esclavitud Animal

El maltrato animal en los circos
Los animales de los circos no son voluntarios. Es práctica común golpearlos, apalearlos, encadenarlos, y darles latigazos para forzarlos actuar en trucos antinaturales y peligrosos. En un esfuerzo de destruir el espíritu de los bebés recién capturados, se les amarra, golpea, y priva de alimentación por un mes. Los animales en los circos pasan casi el 95 porciento de sus vidas encerrados o encadenados. A menudo se les obligan dormir de pie o apretados en camiones, son forzados actuar aunque estén enfermos y siempre bajo la amenaza de castigos con ganchos puntiagudos o latigos, con los cuales se les golpea en la piel sensible de sus caras, patas, y detrás de las rodillas.

Descargue: Informe de inspección sobre la situación de los animales en el circo Yonatan Espectacular o Circo Mágico Americano (circo-inspeccion.zip 2,3Mb)

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De la selva a las cadenas
Los animales de los circos fueron sacados de sus tierras de origen afectando no solo la vida de estos, sino tambien del equlibrio ecologico que a su ves afecta la prosperidad humana. Los chimpance viven en los bosques del africa en grupos de una completa estructura social, los tigres y leones habitan selvas y sabanas de africa y asia donde ocupan extensos territorios para la caceria, los elefantes las cebras y los camellos ocupan sabanas y desiertos africanos y asiaticos donde pasan la mayor parte de su tiempo pastando grandes territorios, los osos habitan espesos bosques europeos y asiaticos donde cazan y comen frutos, todos estos animales contribuyen en equlibrio ecologico de las selvas, bosques y sabanas donde se produce el aire que respiramos y el agua que bebemos.

Al pensar en la palabra circo vienen a la mente imágenes de niños, y no tan niños, embobados con los distintos actos que realizan los animales. Una tarde mágica con payasos, acrobacias y malabarismos. Con esto último deberíamos quedarnos: con el espectáculo llevado a cabo por todos aquellos artistas que se dedican a un espectáculo de innumerables años de tradición como es el mundo circense. No en el ridículo, el maltrato y la humillación a que se ven sometidos los animales que, no por voluntad propia, sino impuesta, se ven forzados a realizar un sin fin de actividades nada comunes en su hábitat natural. Imágenes estas, que retenidas a través de los ojos de un público eminentemente infantil, le deforman para un posterior proceso educativo de respeto hacia los animales.

LOS ANIMALES
Entre los animales de circo son comunes la presencia de: leones, tigres, panteras, pumas, osos, lobos, elefantes asiáticos y africanos, rinocerontes, hipopótamos, cebras, chimpancés, leones marinos, pingüinos, loros, cocodrilos, pitones, caballos, mulas, avestruces, dromedarios, lamas, cabras, perros, gatos, cerdos, conejos y palomas entre otros. En fin todo un variopinto zoológico. En España se ha podido constatar la presencia de algunos circos con más de 10 elefantes; verdadero zoo del que también puede sacarse provecho en horas fuera de las funciones. La mayoría de estos animales son capturados de su hábitat natural, se venden de zoo a circo, de circo a zoo o de circo a circo. Todo ello cuando por razones de quiebra u otras dificultades económicas no quedan abandonados a su suerte y tienen que ser los municipios y gentes sensibles quienes tengan que cuidarse de su sustento, situaciones harto comunes. Se les entrena, doma o amaestra para actuar ante el público, “es lamentable el hecho que de diez animales capturados de su hábitat salvaje, tan sólo una media de uno llegará vivo a su destino final” manifiesta PETA.

EL TRANSPORTE
Los animales obligados a trabajar en los circos ambulantes, pues el nomadismo es una de las situaciones que los caracteriza, son los más afectados. Desplazados constantemente de un lado al otro; de un país a otro, con los bruscos cambios de temperatura y clima son, en muchas ocasiones, dañinos para su salud; luego se les priva del cobijo necesario para cubrirse del sol, la lluvia, el frío o el calor. El medio de transporte mayormente utilizado para desplazar a todo “el reino animal” que poseen los circos son los camiones jaula. Estrechos carromatos que son no más que simples jaulas de barrotes de hierro de pocos o insuficientes metros cuadrados incapaces de asumir un mínimo de confort en donde, por ejemplo, los grandes felinos deben pasar, condenados, hasta el resto de sus días.

Lo peor ocurre durante la temporada baja, es decir, cuando los circos no se desplazan. Sin embargo les supone un estrés mayor el estar durante horas, días, semanas e incluso meses encadenados o enjaulados sin poder apenas moverse. Es cierto que entonces los animales se sienten aliviados al no tener que entrenar o ejecutar inútiles y peligrosos números circenses ante el público, como el conocidísimo salto a través de un aro en llamas de tigres y leones. Es sabido que a los animales les asusta el fuego, pero precisamente esto forma parte del espectáculo, del “más difícil todavía”. Puede, no obstante, ser que estos tiempos de descanso del circo sean lo más penosos para los animales pues es cuando deben aprender nuevos números o ejercicios. Presos en unas instalaciones que dejan mucho que desear en donde la falta de higiene es muy notoria y privados de alimentos y agua si el comportamiento no es el “adecuado” según convenga al criterio de domadores, entrenadores o quienes se encarguen de ellos. Es corriente que presentan síntomas de estrés, aburrimiento y frustración, provocados por las innumerables horas de aislamiento y soledad en deplorables instalaciones. Así han ocurrido casos de mutilación propia de los dedos de manos en los monos, golpes constantes de cabeza, o el balanceo de un lado al otro como hacen los elefantes (movimientos estereotipados).

EL ENTRENAMIENTO
“El entrenamiento es una agresión psicológica y fisiológica del animal, donde técnicas bárbaras son utilizadas. El animal es forzado, por obligación, a adoptar comportamientos anormales y artificiales”. (PETA). Los entrenamientos son más violentos, cuanto más peligrosos sean los animales. Los distintos y constantes ensayos destruyen a los animales, se les asusta y se les angustia, “el entrenamiento consiste en romper al animal y transformándolo en una marioneta ridícula, que lo somete al capricho del hombre”. Su propósito es conseguir el absoluto dominio del animal.

Los domadores están raramente calificados, tienen muy poca paciencia y les faltan conocimientos comportamentalistas de los animales a su cargo. Cuando un grito o un gesto no son suficientes, se utilizan barras de hierro, látigos y pinchos con tal de manejar y hacer obedecer a los animales. Cuando el domador, o entrenador, no obtiene los resultados deseados, es decir, la obediencia absoluta del animal, entonces se le priva de alimentos. De este modo se pretende que el animal asocie la comida con la respuesta que tiene que dar. De este modo, si no hay espectáculo; pues no hay comida. Esta estrategia la utilizan los domadores también durante el espectáculo: a los animales se les da comida al final de cada ejercicio y delante del público, para que éste interprete, o piense, que así es como el animal ha sido entrenado. La realidad, en la mayoría de los casos, resulta ser todo lo contrario; “la simple visión de un látigo recuerda al animal las palizas en el trasero, la cabeza y las patas durante el entrenamiento. Así se consigue el miedo incesante, la aprehensión y el obedecer. Para conseguir que un animal levante las patas, el domador le pone una base electrificada, y cada vez que da la orden, envía una descarga eléctrica. Después de los primeros intentos, el animal relacionará el dolor con ciertas palabras o gestos y tendrá la misma reacción, levantar las patas aunque no se dé la descarga eléctrica” (PETA).

CONSECUENCIAS DE LA EXPLOTACIÓN
Se han dado casos de accidentes producidos en los circos como consecuencia del maltrato y las malas condiciones en que viven los animales. Estresados por el tipo de vida que llevan, totalmente ajeno a su hábitat natural, en ocasiones pierden el control con la presencia del público, el volumen de la música durante las actuaciones, el destello de los focos y la reclusión. A menudo se les diagnostican úlceras gástricas provocadas por estas situaciones anormales a su biología. La falta de higiene originada por la acumulación de sus residuos fecales y la orina que permanecen durante tiempo en sus jaulas hace aumentar el número de parásitos y bacterias que conviven en las distintas instalaciones circenses. Por ello las heridas de estos animales son muy difíciles de desinfectar y curar. Se sabe que quienes se dedican al mundo trashumante del circo, poseen, por lo general, pocos o escasos recursos económicos. Es corriente que la alimentación sana y equilibrada del animal, así como su bienestar tanto físico como psicológico dejen mucho que desear. Lo mismo ocurre con las necesarias atenciones veterinarias para sus heridas, agudizadas por los golpes que padecen provocados por sus cuidadores, entrenadores o domadores.

Es de fundamental importancia la concientización y el conocimiento de lo qué ocurre y lo que significa la presencia de animales en los circos por el gran público y en especial por aquellos padres que, de forma inconsciente, llevan a sus hijos a pasar un rato feliz en un ambiente que por tradición y por antonomasia tiene que serlo. Pero, repetimos una vez más … ¡sin animales!. Ellos no han elegido ser sometidos para actuar en el mundo del espectáculo. A muy temprana edad se les separa de sus núcleos familiares y de su hábitat salvaje para introducirlos a un mundo totalmente ajeno a lo que la naturaleza les ofrecía. Los circos, que merecen el mayor respeto por su trashumancia, antigüedad y tradición, deben evolucionar (al igual que los zoológicos) en este mundo cambiante hacia una nueva forma, que sin quitar la ilusión de los más pequeños, ofrezca una imagen centrada en las habilidades, el arte y la vistosidad, evitando, ya definitivamente, la presencia de cualquier clase de animal.